Más a menudo de lo que me gustaría escucho a quienes dicen: “el es un ídolo”, “ella tiene mucha experiencia, es una genia” y una gran cantidad de expresiones similares que parece que colocan a ella o a él a una altura superior de quien la pronuncia.
Nadie es superior a ti, nunca.
Todos estamos en el mismo plano, en el mismo nivel. Darle ese poder a otro, de creer que es superior a nosotros, es darle, en cierto sentido, un arma.
Dependiendo a quien le des ese poder podrá manipularte, hacer prevalecer lo que ella o él quiere o, en el mejor de los casos, te hará saber y te convencerá de que eres igual, que tienes el mismo nivel y que solo se trata de que son personas diferentes y no querrá tomar de ti lo que no quieras o no debas darle (ni siquiera cuando se lo ofrezcas en bandeja). Tengo claro que no hay muchas personas que harán eso por ti. Hace algún tiempo escribí un artículo sobre las personas que importan y las que no importan con una reflexión sobre el tipo de personas que nos cruzamos en la vida, según lo que entiendo serán personas extraordinarias las que no dejaran que tú te coloques donde no debes estar. Como en la mayoría de los casos las personas se preocuparan y ocuparan de ellas mismas y lo que ellas quieren y no de ti, tú eres quien debe cuidarse.
No estoy segura de si se trata de un problema de baja autoestima o de una deformación conceptual de lo que es otra persona, una especie de deslumbramiento por el mayor desarrollo de ella o él en determinada o determinadas cosas.
El deslumbramiento es como una ceguera, con suerte, temporal, no estás viendo al otro como es en realidad. Esto también significa que no te estás viendo a ti mismo como eres en realidad, porque si lo hicieras verías que tu estas a la misma altura y que tienes tus propias luces.
Al igual que lo que nos sucede con las obsesiones, creo que tomar distancia, darnos tiempo, escucharnos, mirarnos, volver a recordar o saber quienes somos y sentirnos seguros es no solo una buena práctica en la vida sino indispensable en situaciones como ésta. Es como una herramienta personal para poner las cosas en su lugar, para mirar desde otra perspectiva y quitarle esa sobre dimensión emocional y mental que le estamos dando a alguien que no es más que tú o más que yo.
Te ayudara en este punto recordar las decenas o cientos de veces en tu vida en que en un determinado momento viste a alguien de una manera y con el tiempo (te lo hayas dado o no), viste que no era lo que pensabas o sentías. Llegaras a la conclusión de que si hubieras tomado distancia y te hubieras dado el tiempo necesarios quizás no te habrías equivocado, no hubieras vivido determinada situación o de determinada manera que no es la que tu elegirías tiempo después.
Conocer a otro lleva tiempo, mucho tiempo.
Conocernos a nosotros mismos lleva tiempo, mucho tiempo.
Al escribir este artículo tengo en cuenta que no solo se trata del lugar o poder que le damos a otra persona, se trata también de las situaciones o experiencias que se pueden dar en una relación deformada (esto es lo más peligroso para nosotros mismos).
Me da cierta tristeza y preocupación saber que esto es bastante común, que muchos viven situaciones que los dañan solo porque se apuran, porque no se dieron el suficiente tiempo, no tomaron la suficiente distancia o se distrajeron y dejaron que las luces de colores los confundieran.
He escuchado a muchos que dicen ya y ahora, el tiempo es hoy. Pero, para algunas cosas, el tiempo es después o nunca, la realidad es otra y no esa que ven en frente.
El tiempo y la distancia son el super poder que muestra todo y a todos, si somos introspectivos y evaluamos inteligentemente, en su verdadera medida.
Cuéntanos tu experiencia sobre valorando a alguien.
¿Qué opinas sobre los ídolos?