¿Qué ganamos engañándonos?
A veces mucho: un gran momento, una aparente oportunidad que no es tal, un mejor día, un buffet sin culpa, un sentimiento de éxito que nos aumenta la estatura, una amnesia temporal de nuestras limitaciones, un aumento irracional de nuestra fuerza física y/o emocional, un super poder que nos coloca en el círculo de los dioses, un respiro.
Todos, en mayor o menor medida, nos hemos engañado y es seguro que lo seguiremos haciendo. Es parte de un mecanismo de supervivencia, es una herramienta para la valentía, es un escudo, una tontería, una estupidez, una debilidad.
Cuando sabemos que algo está mal pero nos queremos auto convencer de lo contrario; cuando sabemos que el dinero no nos alcanza pero tenemos el repentino convencimiento del poder que ofrecen las fuerzas del azar en nuestras vidas; cuando sabemos profundamente que algo se ha terminado pero nos obligamos a creer que las resurrecciones son de los más natural en el mundo de los mortales; cuando sabemos que algo no se ha terminado sino que sigue ahí aunque queramos convecernos de lo contrario; hay, así, cientos de engaños que en el curso de nuestra vida nos creamos para seguir adelante, en algunos casos inteligentemente y en otros, muy, muy torpemente.
Creo que, los mejores maestros del engaño en este arte de vivir son los que, lo más sano posible, juegan a las escondidas consigo mismos o con la realidad en la medida de no correr un riesgo realmente estúpido que los coloque frente a sí mismos en un lugar más débil o sin un relativo éxito cuando desaparece el telón que oculta la realidad que queremos ocultarnos.
En este juego de máscaras, donde somos más lindos, más fuertes, más ignorantes, más sabios, más creyentes, más sanos, más afortunados, más felices, más desafortunados, más débiles, más agnósticos, más enfermos, menos felices.
En este reino donde jugamos a las escondidas todo es posible, el arte de mentirse a uno mismo es compartido por todos, pero, el mejor jugador no es el tonto que gasta más de lo que tiene y a fin de mes no tiene suficiente para comer porque un día se fue de parranda y gastó lo que necesita para alimentarse durante toda una semana pero que ese día se dijo a si mismo que tenía un sorprendente cambio en su fortuna y festejó a lo grande.
El mejor jugador, es posiblemente, el pequeño hombre que juega con las cartas que tiene repartidas en su realidad interna y externa más sanamente, sabe que no tiene lo que quiere, mide las consecuencias, crea alternativas y se permite festejar sabiendo que despertará mañana, que será sincero mañana y que aunque haya representado un papel como el mejor de los actores volverá a ser él, volverá a aceptar y aceptarse y seguirá siendo feliz sin haberse autodestruido.
¿Cuál es tu peor auto autoengaño?