¿Has visto un bosque luego de un incendio?
¿Has visto un campo luego de una inundación?


Ambos se ven perdidos, desolados;
Sin embargo su muerte está marcada por la resurrección, la retroalimentación.

Su aparente muerte los alimenta, los destruye pero guarda la semilla de la vida. Del mismo modo, a veces creemos que morimos, un dolor nos destruye, nos desgarra el hueso; sin embargo nuestra aparente muerte está destinada a llevarnos a un nuevo estado, desde nuestras cenizas resurgimos.

Hay una sustancia, una energía, una brisa que lentamente nos germina y desde allí volvemos.


Algunas de nuestras raíces crecen, nuestro centro se expande y condensa, nuestra voz se vuelve un poco más profunda y nuestra mirada se agudiza.

Si mientras germinas tú no te envenenas, si procesas las toxinas y potabilizas tu agua de esa muerte volverás más grande, sin olvidar las heridas que te llevan a ser gigante.

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