Fue extraño verte partir,
creo que por una década de mi vida estuviste allí.
Tu sonrisa,
tus muecas,
tu inteligencia,
tus manos.
Ya no hablamos de música,
y de todo ese repertorio de temas que podían surgir de la nada y nunca se agotaban.
Ya no estás tú al otro lado del teléfono,
ya no existe un futuro tan incierto .
Te fuiste,
el caos y la oscuridad de mis otros mundos ardía,
yo me hundí.
Al subir,
frágil y con nueva piel,
las hojas que lastimaban mi piel al caer ya no cortaban,
la hormiga que estrujaba mi alma al morir frente a mí ya era hormiga,
y el aroma del aire que me acongojaba ya no me marcaba.
Casi como ser nuevo caminé
por cierto tiempo despacio para que mis nuevos frágiles pies
no sangraran a cada paso.
Pasó el diluvio,
la muerte me dejó atrás,
aunque hoy,
al escribir estas líneas del recuerdo
aún se llenan de lágrimas mis ojos.
Hoy largo y ancho,
alto y profundo,
estoy en nuevos campos
donde ya no estás tú.
Nuevamente siento la calidez del sol,
hoy alguien más ocupa aquel lugar que alguna vez ocupaste tú.
Ya no salgo a buscarte,
ya no tengo sed de tí.
Hoy la calidez de nuevas aguas moja mis pies,
hoy me abraza otra primavera.
A la vuelta de mi muerte te vi partir,
sin palabras, simplemente, tú partiste.
Si me preguntan,
te quiero feliz, porque aún hoy te quiero;
no saldrá de mi veneno
no conozco el odio.
Me he quedo con lo bueno,
me guardo tu sonrisa y tus manos en movimiento,
me guardo el primer enojo
y la primera vez que sentí el desgarro y la soledad,
esos recuerdos también te pertenecen.
Me quedo con el recuerdo de lo mejor de ti,
a lo demás debo dejarlo ir.