Te miras, te escuchas a ti o al impulso que tengas, te mueves, te cuidas o no, vas, vienes, saltas y te quedas quieta. Escucho muchos “yo quiero”,  “yo hago”, yo… yo.

El lugar que tenían mis  palabras, el lugar que yo tenía ahora no tienen la misma relevancia en ti, ahora el ruido y lo nuevo va primero y te viene lleno de luces…lo nuevo, lo diferente.

Yo, yo, yo… ya no escucho nosotras.

Te fuiste de mi lado buscando libertad, recorrer nuevos caminos sola, crear y romper,  con muchos uno, muchos yo.

Nos damos mil flores,  sos increíble, te soy increíble, nos profesamos y declaramos  amor, yo te quiero en mi vida y me querés en la tuya pero… hoy te vas.

El ejercicio del yo, las posturas o corrientes del individualismo, las posturas de amor libre o sin lazos hoy te seducen, hoy también eso te lleva lejos de mi.

A mi me queda el corazón hecho añicos, siento como si el envase de la piel que me contiene se hubiera roto y todo mi ser cae hacia los lados como agua que se desparrama y se pierde. 

Recuerdo que existo y, que cuando vine al mundo, tú no estabas. Recuerdo que también fuí feliz antes de haberte conocido. Sé que podré, quizás, con un poco de suerte,  volver a ser feliz.  Aun así, volé alto contigo, conocí el cielo, el  huracán más hermoso que llegó a mi vida, la puso de cabeza y la llevó al lugar mágico y único que sólo el amor nos puede mostrar. 

Cuanta maravilla, cuan pequeño se hacía cualquier problema en la vida,  cuan grande e inmensa me he sentido a tu lado y cuan pequeña y desarmada me siento hoy. Entre tus brazos encontré refugio y me expandí más  en mí.

Tú y yo…

No quiero que este sentimiento  me sepulte pero no quiero olvidar ni tapar éste dolor que siento hoy.  Sufro, he compartido la parte más importante de mi vida contigo, he vivido los años más felices a tu lado y si fuera por mi seguiría compartiéndolos.

Mientras tú creas y alzas el yo como si el individualismo, la liviandad de lazos y la “gran libertad” fueran la cima y camino hacia otra nueva alegría, yo rota sigo dando vueltas conmigo. Aunque me levante y algunos días parezca fuerte y me hable bonito a veces empiezo a llorar sin consuelo. 

Tengo el alma rota, mis alas caídas y en mi pecho abierto se ve la herida.

Seguiré sintiendo y creyendo en el amor, en que la felicidad también va de la mano, en que compartir este corazón hace todo más lindo y seguiré soñando.

Este cuerpecito mío está caído, cuánto dolor, cuánto destrozo.

Actualización

Y tiempo después…

Escribí lo anterior el mismo mes en que me separé de la mujer con la que compartí más de trece años  de mi vida, en el mes donde mi corazón estaba más destrozado, con el pecho expuesto, con el cuerpo débil, casi que no podía mantenerme en pie.

Más de medio año después o muchos meses más, este cuerpito se para fuerte, las heridas han sanado o están casi sanas, otras manos tocaron mi cuerpo y mis pies pisaron otras tierras, otras flores vinieron a mi puerta y otros labios me cantaron al oído.

No la olvidé ni tengo la menor intención de hacerlo, pero luego de procesar el dolor y luego del duelo hay que abrirse de nuevo a la vida, a otros seres, a la alegría que vuelve a florecer desde dentro.

La sonrisa ya volvió a instalarse en mi boca, mi cuerpo volvió a danzar, otras mujeres vinieron a capturar mi mirada, algunas tienen la tentación e intención de robar mi corazón, aunque quizás aún tiene dueña.

Yo me permito ser feliz, porque soy y he sido siempre valiente.

¿Tú qué harías?

¿Tú qué has hecho?

¿Qué te han hecho? ¿Cómo te gustaría que hubiera sido tu separación?

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