Las agujas del reloj no dejaron de girar
aguas nuevas recorren los ríos que alguna vez miramos.
Miro los mismos atardeceres,
no son los mismos,
pero… a veces,
recuerdo un atardecer junto a ti.
Una vez me dejé vencer,
una vez conocí tu espalda,
una vez me lastimó.
En el pozo,
lejos de mí,
sin culpa,
no vi luz.
En lo negro,
de repente,
ya no tuve donde apoyarme.
Supe,
sentí,
con el desgarro de mi cuerpo,
de mi alma,
como desapareció la tierra bajo mis pies.
El dolor destrozó cada parte de mi,
una explosión dejó mi ser expuesto,
maltratado, mutilado.
Caí,
caí,
tú no estabas allí.
Antes eras mi flor,
recuerdo que compartíamos el jardín.
Recuerdo aquél tiempo de muerte,
criminal, duro y desolado.
Alguien me ha dicho,
a la vuelta,
que en mis ojos veía que venía desde lejos
que notaba que mis pies caminaron por el infierno.
A veces aún te miro,
desde las rutas del recuerdo,
sin pretensiones,
sin reclamos,
solo te miro.
¿Ah quién miras desde la distancia?
¿Has podido superarla?
¿Cómo?
¿Cuál es tu opinión?